Los números oficiales confirmaron una tendencia muy clara: Mientras se desploma el consumo interno de carne, las exportaciones ya se llevan el 36% de toda la producción

Los datos oficiales que refieren a lo que sucedió con la faena y producción de carne vacuna en agosto indican que se profundizó como nunca antes la tendencia que se había manifestado en los meses previos.

La faena para ese mes fue de poco más de 1 millón de vacunos, 13% menos que en igual mes del año pasado. En el acumulado del año, la oferta de ganado para atender al mercado interno y la exportación se redujo 10%.

Esa caída viene siendo parcialmente compensada por la venta a los frigoríficos de hacienda más pesada,  lo que se refleja en el peso medio de faena. El mes pasado fue de 246 kilos, lo que indica un aumento interanual de 5% en la oferta de carne por animal.

La hacienda sale más pesada porque la demanda exportadora pide ganado con más kilajes, pero además porque el clima ayudó a incrementar la oferta forrajera y entonces se pudieron hacer las recrías. También el engorde a corral se fue estirando a cuatro y cinco meses (y no los tres habituales) gracias a la buena relación entre maíz y carne.

Además, como el ternero se compró caro, se hace necesario sumar kilos para compensar la mala relación de compra-venta.

En definitiva, en agosto la producción de carne vacuna llegó a 248 mil toneladas res con hueso. De ese total, la mayor parte se vendió en el mercado interno, pero cabe destacar la creciente participación de la exportación en el negocio.

Las ventas al extranjero sumaron 90 mil toneladas res con hueso. Es decir que del total producido, el 36% se vendió a los mercados internacionales. La participación de los exportadores en el negocio cárnico se está incrementando y llegando a niveles récord.

En tiempos normales, la exportación de carne se llevaba 1 de cada 4 kilos producidos, entre 20 y 30% del total. También hubo picos a la inversa, ya que cuando Guillermo Moreno trababa los embarques de ese alimento, unos 15 años atrás, la participación de la exportación se redujo a un magro 6%.

Las empresas exportadoras nucleadas en el Consorcio ABC se quedaron, según datos de esa misma cámara empresaria, con el 41,1% de la faena. Cada vez su participación en el negocio es mayor.

Si se agregan las empresas exportadoras que no están en el ABC, estas industrias se quedan entonces con cerca del 50% de la faena. Parte de lo producido lo vuelcan al mercado interno. En definitiva, pisan cada vez más fuerte en el negocio de la hacienda vacuna y el comercio de carne, deslazando a figuras más tradicionales como los matarifes.

Esto se da en un contexto de fuerte caída de la oferta ganadera, lo que deja como claro perdedor al consumo doméstico que en agosto llegó a un piso de 41 kilos anuales por habitante. Otras vez los títulos trágicos sobre el menor consumo de carne en la historia.

Ese escenario era el que preveían los frigoríficos exportadores en 2022.

Consultado por este contexto, el exportador Fausto Brighenti dijo que “las proyecciones de USDA (Departamento de Agricultura de los Estados Unidos) y de analistas internacionales es que la faena en Argentina seguirá cayendo por el proceso de retención de vientres”.

Luego agregó: “El consumo se mantendrá en estos niveles, por debajo de lo que teníamos; la exportación seguirá pisando fuerte y la demanda interna recibirá más carne importada, tal como sucede en otros países como Uruguay y Estados Unidos”.

En efecto las importaciones de carne vacuna sumaron 30.000 toneladas pesos producto este año, duplicando el volumen alcanzado en los mismo meses del 2025.

El comercio ganadero y el de carne están asistiendo a un cambio muy importante, con la exportación consolidándose y ganando terreno. Las industrias frigoríficas del consumo, por su lado, están perdiendo terreno y muchas están alertando por la crisis que viven.

Esto lo vienen manifestando tanto entidades como Cainca, que representa a los frigoríficos de Buenos Aires, como Fifra, que representa a los de Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos. Es que los costos industriales se incrementan notablemente al tiempo que cae la faena y su participación en el negocio, lo que encarece el costo por cada kilo producido de carne.

Fuente: Bichos de Campo

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