RIMI y Ganancias, cómo aprovechar las nuevas reglas en la ganadería

La reglamentación del régimen de inversión para PyMEs y el flamante sistema de valuación de la hacienda modifican la ecuación de inversión y planificación del negocio. El tributarista Santiago Sáenz Valiente detalla qué cambia, quiénes pueden acceder y qué oportunidades se abren.

La reglamentación del Régimen de Incentivo para Medianas Inversiones (RIMI) y el nuevo criterio de valuación de la hacienda de invernada y feedlot para el pago de Ganancias abren una ventana para repensar decisiones de inversión y la planificación fiscal en la ganadería.

Para el tributarista Santiago Sáenz Valiente, ambas herramientas, incorporadas en la Ley 27.802 de reforma laboral, “introducen mayor racionalidad económica en decisiones productivas que históricamente estuvieron atravesadas por distorsiones fiscales”.

En ese sentido, en diálogo con Valor Carne, sostuvo que “el productor ya no debería mirar determinadas inversiones con la misma lógica de siempre” porque hay decisiones cuya ecuación financiera y tributaria cambiaron”.

Con las normas en plena vigencia, es relevante repasar sus detalles para que el ganadero sepa cómo sacarles todo el jugo posible.

Aprovechar los incentivos

El RIMI nace como un esquema de promoción para PyMEs, una suerte de versión adaptada, a menor escala, de los incentivos dispuestos en el RIGI, destinado a grandes inversiones. El primer dato importante es que tendrá vigencia por dos años.

¿Qué cambia en la práctica? El principal beneficio es la posibilidad de acelerar deducciones fiscales vinculadas a inversiones productivas. Es decir, el gasto se recupera fiscalmente mucho más rápido y eso aumenta la disponibilidad de fondos de la empresa.

“La clave es que mejora el flujo financiero porque permite descontar antes inversiones que normalmente se amortizaban en muchos años”, explicó Sáenz Valiente.

El régimen está destinado a empresas categorizadas como PyME -micro, pequeña y mediana tramo 1 y 2- y exige contar con el certificado correspondiente. Además, no pueden ingresar firmas con determinadas situaciones de insolvencia o de incumplimiento fiscal, aunque da chances de ponerse al día.

¿Cuáles son los montos mínimos de inversión? USD150 mil para microempresas; USD600 mil para pequeñas; USD3,5 millones para medianas de tramo 1; y USD9 millones para medianas tramo 2. Algo importante es que la inversión puede realizarse de manera acumulada durante un plazo de dos años y el monto surge de la sumatoria de bienes elegibles incorporados dentro de ese período.

Sin embargo, en el caso de inversiones en sistemas de riego, bienes de eficiencia energética, mallas antigranizo y semovientes -como reproductores bovinos de pedigree o puros registrados-, no se exige un monto mínimo para acceder al beneficio.

Y allí aparece uno de los puntos más interesantes para la ganadería.

Hasta ahora, la compra de toros o vientres reproductivos implicaba una recuperación fiscal lenta. El productor debía amortizar esa inversión a lo largo de varios ejercicios, aun cuando el desembolso se hubiera realizado de manera inmediata”, sostuvo el tributarista.

Con el nuevo régimen, esa lógica cambia sustancialmente.

“Por ejemplo, un toro que antes se amortizaba en cinco años hoy puede tener deducción total en el ejercicio. Eso genera un impacto financiero importante porque ese dinero que no se aplica a impuestos significa un aumento de capital de trabajo para reinvertir”, explicó Sáenz Valiente.

El RIMI también alcanza maquinaria agrícola -tractores, sembradoras, cosechadoras, tolvas-, aunque allí aparecen algunas condiciones. La empresa debe cumplir montos mínimos de inversión según categoría PyME, realizarla dentro de un período determinado y mantener el bien en el patrimonio por un plazo mínimo.

Esto último es porque una condición central del esquema es la permanencia de la inversión. Los bienes promovidos deben mantenerse dentro del patrimonio de la empresa durante al menos dos años fiscales para conservar los beneficios obtenidos.

En otras palabras, el activo incorporado bajo el régimen no puede venderse inmediatamente después de obtener la amortización acelerada. Y si el productor no cumple esta exigencia puede perder el beneficio, reliquidar impuestos y afrontar intereses. “Por supuesto, se contemplan situaciones excepcionales de fuerza mayor, como la destrucción del activo. La lógica es incentivar inversiones reales y permanentes”, justificó el especialista.

Más allá del RIMI, Sáenz Valiente adelantó que ya se analiza en el Congreso un régimen similar para empresas que quedan fuera de la categoría PyME. El nuevo proyecto -pensado para compañías de mayor escala o “empresas relevantes”- apunta a extender los beneficios a inversiones más grandes, cubriendo el vacío existente entre el RIMI y el RIGI.

Ganancias, fin de una vieja distorsión

La otra gran novedad es el cambio en la forma de valuar la hacienda de invernada y feedlots para liquidar el impuesto a las ganancias.

Hasta ahora, el sistema obligaba a computar el ganado con una referencia cercana al precio de mercado. “El problema era que ese valor se incorporaba al resultado aun cuando el animal todavía no hubiera sido vendido”, planteó Sáenz Valiente.

Es decir, “el productor terminaba tributando sobre una renta potencial ya que, si bien podía tener una mejora patrimonial teórica al cierre del ejercicio, de ninguna manera ésta puede considerarse como renta efectiva. Incluso, ese animal podía perder valor, enfermarse o no llegar a venderse en las condiciones proyectadas”, graficó.

En otras palabras, se estaba pagando impuesto por el simple hecho de tener la hacienda en stock, aunque si no hay venta no hay ganancia. El nuevo mecanismo modifica esa lógica y utiliza un criterio de valuación menos agresivo desde el punto de vista fiscal, más cercano al costo económico de producción y menos atado al precio de mercado.

En concreto, se pasa a utilizar un sistema similar al de la cría: parte del promedio de ventas de una categoría representativa del establecimiento y, sobre ese valor, se computa un 60% como base para luego aplicar coeficientes según el tipo de hacienda (novillos, vaquillonas u otras categorías).

El resultado es un alivio impositivo para actividades intensivas y una menor distorsión sobre el resultado fiscal. “En la práctica, esto atenúa la valuación fiscal del stock, la acerca más a un criterio económico y reduce el adelantamiento de Ganancias sobre valorizaciones todavía no realizadas”, analizó Sáenz Valiente y subrayó: “No es un beneficio extraordinario ni un privilegio. Es una manera más racional de determinar la ganancia imponible”.

Del manejo defensivo a la planificación

En una mirada de fondo de ambas medidas, para Sáenz Valiente, el principal cambio no pasa sólo por una menor carga fiscal, sino por una nueva forma de pensar el negocio. “Durante años el agro tomó decisiones con una lógica defensiva frente a los impuestos; hoy empieza a aparecer un espacio para planificar”, opinó.

Ahora, es el momento de revisar inversiones previstas, incorporando la planificación tributaria a la estrategia empresarial. “Hay productores que pueden estar dejando oportunidades sobre la mesa simplemente por no revisar estos cambios. La ecuación fiscal de muchas decisiones productivas cambió”, concluyó.

Fuente Valor Carne

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