La cadena de la carne en Argentina atraviesa una coyuntura desafiante que pone en alerta a productores, frigoríficos y comercializadores. La combinación de menor stock ganadero, caída del consumo y dificultades en la cadena de pagos configura un escenario de incertidumbre que impacta directamente en uno de los sectores más emblemáticos de la economía nacional.
En diálogo con Suena a Campo, Ariel Morales, presidente de la Cámara Argentina de Matarifes y Abastecedores, describió con claridad la situación actual: “Estamos pasando un momento complejo”. Según explicó, los rumores de cierre de frigoríficos y reducción de la actividad no son infundados, sino que responden a una realidad estructural que afecta a toda la cadena.
El principal problema, de acuerdo con Morales, radica en la falta de hacienda disponible. “Hay una gran caída en el stock ganadero y eso repercute directamente en la oferta de hacienda gorda de consumo interno y también lo sufre la exportación”, señaló. Esta escasez impacta de lleno en la actividad industrial, que se ve obligada a reducir jornadas de faena e incluso a suspender personal ante la falta de materia prima.
A este escenario se suma una variable clave: el deterioro del poder adquisitivo. Morales explicó que el mercado interno, históricamente motor del consumo de carne, hoy enfrenta limitaciones. “No se pueden sostener los kilos que históricamente tuvo la República Argentina”, afirmó, en referencia a la caída en la capacidad de compra de los consumidores.
Uno de los puntos más sensibles de la coyuntura es la cadena de pagos, donde se evidencian fuertes tensiones. El dirigente detalló que el sistema, que tradicionalmente funcionaba con plazos acordados entre privados, comienza a mostrar fisuras cuando caen las ventas y aumentan los precios. “Cuando le cae la venta al destino final, tiene que asumir compromisos de pago de 15, 20 o 30 días con menos ingresos, y ahí se genera un desfasaje”, explicó.
La situación se agrava si se tiene en cuenta el incremento en el precio de la carne durante el último año. “La carne aumentó más de un 60% y eso eleva el riesgo financiero”, indicó Morales. En este contexto, tanto matarifes como comerciantes enfrentan dificultades para sostener el equilibrio económico, lo que termina afectando a toda la cadena.
En términos de actividad, los números también reflejan el impacto. “Hemos tenido una caída del 10 o 12%”, precisó, al referirse a los niveles de faena. Esta retracción no solo responde a la menor demanda, sino principalmente a la falta de animales disponibles. “El producto no está”, resumió.
A pesar de este panorama, el consumo de carne en Argentina mantiene cierta resiliencia. Según Morales, el país registra actualmente un consumo de aproximadamente 47 kilos por habitante por año. Si bien se trata de una cifra menor en comparación con años anteriores, sigue siendo elevada a nivel internacional. “Hay un núcleo duro de consumo de carne en la Argentina que difícilmente baje más”, sostuvo.
Sin embargo, el avance de otras proteínas como el pollo y el cerdo comienza a modificar el mapa del consumo. Estos productos han ganado terreno en los últimos años, compensando parcialmente la caída en la ingesta de carne vacuna.
En cuanto al futuro, Morales se mostró moderadamente optimista. Señaló que las recientes lluvias y la mejora en las condiciones de los campos podrían favorecer la incorporación de más terneros en sistemas de recría y engorde. “Vamos a tener una mayor oferta de hacienda gorda en los meses que vienen, lo que va a equilibrar los precios”, anticipó.
Este proceso forma parte de lo que el dirigente define como una etapa de reconstrucción ganadera. “Se está reconstruyendo la ganadería en Argentina, eso no cabe duda”, afirmó, destacando que el productor es hoy uno de los actores mejor posicionados dentro del negocio. “La hacienda tiene un valor importante y eso alienta a la inversión”, agregó.
No obstante, la recuperación no será inmediata. Morales advirtió que el desempeño del sector estará estrechamente ligado a la evolución de la economía en general. “Si mejora el poder adquisitivo y las variables macroeconómicas, el panorama va a ser mejor”, indicó.
El empleo es otro de los aspectos afectados por la crisis. La industria frigorífica, en particular, enfrenta dificultades para sostener los niveles de actividad. “Hay plantas que han cerrado y otras que redujeron sus días de faena”, explicó. Aun así, destacó el rol del sindicato en la negociación de paritarias que permitan mantener los puestos de trabajo: “Ha habido un gran esfuerzo para sostener la planta permanente”.
Frente a este escenario, el dirigente planteó la necesidad de avanzar en medidas estructurales que permitan fortalecer al sector. Entre ellas, destacó la importancia de generar espacios de diálogo entre el sector privado y el Estado. “Hay que sentarse en una mesa de diálogo con un actor muy importante que es el Estado”, sostuvo.
En ese sentido, remarcó dos problemáticas clave: la alta carga impositiva y la informalidad. “Hay un 30 o 40% del sector en la informalidad, lo que genera una competencia desleal”, advirtió. Además, señaló que la presión fiscal termina trasladándose a los precios finales, afectando tanto a productores como a consumidores.
La cadena cárnica argentina enfrenta, así, un momento de transición. Entre dificultades coyunturales y expectativas de recuperación, el desafío será encontrar un equilibrio que permita sostener la producción, garantizar el abastecimiento y preservar uno de los pilares culturales y económicos del país.
Fuente Suena a Campo