La Cámara de las Industrias Cárnicas advirtió sobre un escenario complejo para el presente año, marcado por menor oferta de ganado, presión exportadora y un consumo interno debilitado. En Buenos Aires la faena cayó 13%.
El 2026 comenzó sin brindis ni augurios optimistas para la industria de la carne. Con un tono seco y directo, la Cámara de las Industrias Cárnicas (Cainca) difundió su primer comunicado del año bajo un título elocuente: “Comienzo de un año difícil”. El texto, que llegó a la redacción de Bichos de Campo, traza un diagnóstico crudo sobre el escenario que enfrentan los frigoríficos orientados al mercado interno. Cainca es una entidad de reciente conformación que nuclea a plantas frigoríficas que abastecen principalmente al consumo doméstico, con fuerte presencia en el conurbano bonaerense. Desde ese lugar de la cadena cárnica (el de quienes faenan animales para terceros y no son dueños de la hacienda) advierten que el contexto productivo y económico presenta señales de alerta para el corto y mediano plazo.
Uno de los primeros factores señalados es el impacto de un buen año para la producción primaria vacuna. Según la entidad, esto generó una renovada apuesta por el negocio ganadero que derivará en 2026 en un proceso de retención de vientres, una dinámica que no se observaba desde hace años. Esa decisión, celebrada en términos productivos, tendrá como contracara una menor oferta de animales disponibles para faena.
A ese escenario se suma el aumento de la demanda mundial de carne vacuna, impulsado por una menor producción global. Cainca advierte que esta situación ya provocó una suba del precio internacional y una fuerte presión exportadora, lo que empujará al alza los valores de la hacienda. Incluso, estiman que las exportaciones argentinas podrían crecer al menos un 20% en volumen respecto de 2025. En el plano interno, el panorama es inverso. El debilitamiento del poder adquisitivo de los consumidores impacta de lleno en el consumo de carne vacuna, que viene siendo reemplazada por alternativas más económicas como el pollo y el cerdo. Esta retracción de la demanda doméstica limita la capacidad de las plantas para trasladar costos y sostener niveles de actividad. Cainca también advierte sobre la continuidad de la caída en los precios de los subproductos, tanto en el mercado internacional como en el local. El cuero y las menudencias, que en muchos casos se utilizan como parte de pago del servicio de faena, siguen perdiendo valor, lo que reduce una fuente clave de ingresos para los frigoríficos, tal como ocurrió durante 2025.
Con menor disponibilidad de hacienda, mayor competencia entre plantas y una presión exportadora que absorbe animales tentados por mejores precios, el diagnóstico es contundente. La entidad anticipa una disminución de las cabezas faenadas por establecimiento y un aumento relativo de los costos fijos, lo que profundizará la competencia entre frigoríficos.
Fuente: El Territorio