La faena de enero-febrero se ubica en el nivel más bajo de los últimos 10 años.La oferta de carne, que en el primer bimestre cayó 9% interanual, se reduciría unas 200 mil toneladas.

Al 31 de diciembre de 2025 el stock ganadero se habría ubicado algo por encima de las 51 millones de cabezas, el nivel más bajo en 15 años.
La disponibilidad de carne vacuna en Argentina volvió a retroceder y este año se ubica, entre consumo interno y exportaciones, en torno a los 62 kilos anuales por habitante. Es un nivel muy inferior al de décadas pasadas.
La caída del stock ganadero y la menor faena explican gran parte de esta reducción, que limita la oferta de carne y condiciona tanto al mercado interno como a la dinámica de exportación.
El deterioro está vinculado principalmente con la reducción del rodeo bovino. En la actualidad hay alrededor de 51 millones de animales para una población cercana a los 49 millones de habitantes, lo que implica una relación de apenas 1,1 cabeza por persona.
Medio siglo atrás, esa proporción superaba dos cabezas por habitante, reflejando una mayor disponibilidad de carne y un mayor peso del sector en el comercio internacional.
Disponibilidad
En 1924, la producción de carne vacuna en la Argentina era de 190 kilos por habitante, lo que alcanzaba para un consumo interno de 94 kilos per cápita (por lejos, era el más alto del mundo) y una exportación de 924 mil toneladas. Eso le permitía a nuestro país participar del 50% del comercio exterior del rubro y ser el primer exportador mundial del sector.
Medio siglo después, en 1978, la producción era todavía muy alta, con 116 kilos por habitante y un stock de 60 millones de cabezas para una población de 25 millones de personas.
Pero la relación fue cayendo de manera acelerada en los años posteriores. En 2005 –antes de la intervención K– se producían todavía 83 kilos anuales por habitante. De haberse conservado este nivel de riqueza pecuaria, la producción sería hoy de cuatro millones de toneladas, es decir, un millón más que la prevista para este año.
Ahora, después de tres períodos de liquidación, la disponibilidad total de carne per cápita (exportación y consumo) es de apenas 62 kilos y parece difícil que en los próximos tres años se pueda crecer por encima del aumento poblacional. Estamos muy lejos de los 2,15 vacunos por persona de 50 años atrás.
Faena
La oferta es muy reducida. De acuerdo con los envíos a faena del primer bimestre, durante este año el sacrificio proyectado podría ubicarse por debajo de las 13 millones de cabezas, unos 600 mil animales menos que el año pasado.
En términos de carne en gancho, la oferta de carne, que en el primer bimestre cayó 9% interanual, se reduciría unas 200 mil toneladas.
Pese a que la participación de las hembras sigue alta (47,8% en febrero), la caída de la oferta en términos absolutos es de tal magnitud que puede considerarse la posibilidad de que la fase de liquidación ganadera 2022-2025 se esté terminando.
La faena de enero-febrero se ubica en el nivel más bajo de los últimos 10 años. En 2016, cuando el stock ganadero creció un millón de cabezas por última vez, la matanza se redujo a solo 11,7 millones de cabezas y la producción de carne cayó a 2,65 millones de toneladas.
El año pasado, la faena experimentó –igual que ahora– una marcada retracción en el primer bimestre, para moderar en los meses posteriores su caída.
Al 31 de diciembre de 2025 el stock ganadero se habría ubicado algo por encima de las 51 millones de cabezas, el nivel más bajo en 15 años. Se proyecta una leve caída en el rodeo de vacas y se prevé una baja considerable en las existencias de vaquillonas.
En cuanto al número de terneros, sería a diciembre pasado inferior al stock de fines de 2023 y 2024, cuando lo que se esperaba era una recuperación del destete nacional.
Pese a que la demanda global y los precios internacionales han seguido subiendo en los primeros meses del año, la oferta local de carne vacuna ha disminuido de tal manera que compromete los pronósticos que proyectaban una exportación de un millón de toneladas. La demanda está, los novillos y vacas no.
Fuente Clarín